• Manuel Sigillo

Pan y Religión: El valor del pan en nuestra cultura

"Danos hoy, nuestro pan de cada día". Podría parecer a la divina providencia, pero lo que anhelan no es el maná, sino el pan. El Maná cae del cielo, el pan se construye con el trabajo. Una gran cantidad de trabajo: cultivar la tierra, sembrar trigo, esperar a que crezca, recogerlo, golpearlo, para aislar el grano de la paja. Prepararlo en un lugar apropiado (fresco y seco), para almacenar el grano, y, a veces molerlo, con gestos manuales o máquinas complejas, movidos por el agua o el viento, o, más recientemente, por un motor eléctrico. Amasando con agua, y dejando fermentar gracias a las presencia de las enzimas. Esperar un poco y poner en el horno, midiendo cuidadosamente el calor de la llama. El pan está listo, para acompañar mucho platos. La cantidad de la cultura, es decir, de sabiduría y de trabajo puestos juntos en muchos milenios , hasta hacernos capaces de domesticar la naturaleza y transformar el mundo.

El pan se presenta en diferentes formas, sabores, métodos de cocción, útil para romper la uniformidad de la cotidianidad, pero sobre todo definiendo espacios, tiempos, identidades colectivas: cada región, cada comunidad tiene su pan. El pan se sirve también para construir relaciones con otros hombres, y a veces con el más allá. Jean-Louis Flandrin dijo que el importante valor simbólico atribuido al pan en nuestra cultura no se podría entender sin un valor "intrínseco" del artefacto, sin sabor, un sabor, un perfume. El pan era y es realmente el rey de los alimentos. Orar a Dios para asegurarnos el pan significa pedirle que seamos nosotros mismos, de preservar la identidad humana, la dignidad, la capacidad de pensar y de hacer lo que hemos conseguido con esmero para transmitirlo a las generaciones a través de los siglos.

Realmente una hermosa oración, incluso para un laico. "Danos hoy nuestro pan de cada día". 


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